Editorial, Revista al Margen 68, la Autogestión.
Pues sí, parece que por más que economistas y políticos nos quieran convencer de lo contrario, lo cierto es que esta crisis va para largo y no es una simple crisis de la bolsa. Estamos ante el final de una etapa económica y, posiblemente, del sistema político que ha venido facilitando al capitalismo una excelente coartada moral y legal para explotar a las personas y saquear el planeta.
Las primeras consecuencias de la crisis ya las estamos viendo y padeciendo: paro galopante, recortes sociales, deterioro de los servicios públicos, precariedad laboral, despidos, congelación salarial, etc. Es indudable (no sabemos ni por qué lo recordamos) que la crisis la estamos y la vamos a seguir sufriendo los pobres; y entre los pobres, aquellos colectivos que siempre han estado en crisis: jóvenes, personas mayores, mujeres e inmigrantes.

A primera vista se puede comprobar que las respuestas a esta situación de crisis del sistema económico y político que en el siglo XX se impuso al otro capitalismo, al de Estado, no están siendo ni lo intensas ni lo acertadas que sería deseable… si es que no se quiere dejar en manos de los que nos han explotado primero, y ahora hundido, la restauración o parcheo de un modelo caduco, injusto, expoliador de recursos y represor de libertadas, que se cae a trozos sin que nadie –ni de entre ellos, que tienen tantos expertos; ni de entre nosotros, que tenemos tan pocos proyectos- acierte a dar con la receta milagrosa, con la medicina que ponga fin a este desastre de alcance todavía imprevisible, pero sin lugar a dudas mucho mayor de lo que se ha conocido hasta ahora; incluidas las crisis de 1929 y la caída del Muro de Berlín.
Los libertarios tampoco podemos ponernos al abrigo de las críticas. Es cierto que no hemos sido culpables de la crisis (salvo en lo que personalmente
cada cual haya aportado al consumismo, a la sumisión, a la resignación, etc. en que navega al pairo la sociedad), pero no es menos incuestionable que no hemos sido capaces de ir articulando alternativas, de ir tejiendo luchas y propuestas liberadoras, de ir creando otro modelo de sociedad -dentro, pero al margen del vigente.
Que no la hayamos hecho no quiere decir que no lo podamos hacer, ni mucho menos que no debamos intentarlo. Es la hora, otra vez ¡como en tantas revoluciones que hemos perdido, o echado a perder! de que levantemos nuevos proyectos, nuevas formas de vivir y trabajar, nuevos modelos económicos; otras formas de producir, de comer y de trasladarse mucho más respetuosas con el planeta que nos acoge.
Es, amigos y compañeras, hora de construir nuestros sueños, de levantar –de nuevo- viejas utopías autogestionarias. Que no nos importe fracasar y tener que repetir el camino. Es nuestro momento, son nuestras vidas. Somos los de abajo que ya estamos cansados de que nos exploten y encima se equivoquen. Si ellos son incapaces de garantizar los mínimos derechos (alimentación, vivienda, salud, enseñanza…) podemos empezar a pensar que ya nos toca a nosotros pensar, decidir y actuar por nosotros mismos: sin jefes, sin líderes, sin amos.
Pues eso, manos a la obra. Ladrillo a ladrillo, y a autogestionar nuestras vidas y la satisfacción de todas nuestras necesidades. Si leéis el dossier de este número, veréis que ni estaremos solos ni seremos los primeros. Ya no hace falta buscar en el pasado y mirar en el espejo de la historia el reflejo de las colectividades libertarias de 1936. Todo esto demuestra que la autogestión no sólo es desable, sino que es posible. Aquí y ahora.

Donde estamos

Ateneo Libertario Al Margen
Palma, 3 bajo
Tel. 96 392 17 51
46003 València
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www.ateneoalmargen.org

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