Rafa Becerra, Revista Al Margen. El año pasado, se celebró el 30 aniversario de las primeras elecciones libres tras la muerte de Franco. La efeméride fue blandida por políticos de todos los partidos como un pilar de la democracia. De esa, de la que “ellos” se sienten dueños y hacedores. Periódicos y televisiones, ensalzaron continuamente el papel, diríase  heroico, de los partidos, por haber sabido dejar de lado rencillas históricas y haber podido trabajar juntos y llevar a buen puerto la democracia y la constitución. Todos son importantes: El rey, Suarez, Fraga, Carrillo, Roca, González, etc. Son sus héroes. Pero no son los míos.

Los anales de la historia están llenos de perdedores, que nunca son del bando de los poderosos. Franco murió, sí, pero dejo una máquina represora en funcionamiento, y su inercia nos alcanza aun en nuestros días. De aquellas personas que vivían sumergidas en la miseria, en el paro, y en unas condiciones económicas herederas del medievo, no hay palabras en ningún sitio. De aquellos que creyeron las mentiras de los partidos políticos y votaron, para sentir después el desengaño en sus carnes, no hay palabras en ningún sitio. Y aquellos que se atrevieron a levantar su voz, fueron represaliados, como ya antes lo habían sido.
Todos los que vivimos “aquello” desde nuestra propia experiencia, no necesitamos que nos recuerden cada cierto tiempo la que fue la experiencia de ellos. A nadie le chocará hoy día que alguien recuerde la fecha y diga: “recuerdo lo ilusionados que estábamos todos mientas esperábamos los resultados e íbamos a casa de una amiga en Mirasierra, a escuchar discos de Jazz, leer a Whitman y experimentar con nuestros profesores” (Elena Ochoa, en el País, 15-6-07) En las barriadas de obreros nadie tenía amigos con casa en Mirasierra, y muy pocos habrían oído hablar del Jazz, pero sí que tenían miedo. Miedo de saber que de ir mal las cosas sería el pueblo quién pagaría las consecuencias. Tenían pocos recursos, casas endeudadas, falta de
trabajo, y en muchos casos hambre.

Hace unos días, un amigo de la cuenca minera asturiana, me contó una historia. Ocurrió cuando él era niño e iba a la escuela. Las entradas a los pozos mineros estaban cerca del pueblo. Cuenta mi amigo, que cuando había una explosión de gas grisú en algún pozo, las sirenas de alarma se oían perfectamente. Inmediatamente muchos niños, se echaban a llorar y gritar, presas del pánico, otros vomitaban o se quedaban blancos. ¿Saben por qué? Todos sus familiares trabajaban en la mina. Cada vez que sonaba la sirena, algún niño quedaba huérfano, o sin hermano, o sin tíos.
Trasladen esta historia a algún puerto pesquero, después de una tormenta, cuando se descubre que falta un barco en el puerto. Me pregunto si la Doctora Ochoa y sus amigos habrán imaginado siquiera una situación así.

Estos niños, y mujeres, y hombres, no iban a escuchar discos de Jazz, ni leían a Whitman en un chalet de Mirasierra. Los testimonios de esas personas no están en ningún periódico, ni en ninguna televisión. Tampoco se habla de las víctimas de la represión franquista y posterior, crímenes que hoy día siguen impunes, personas que fueron asesinadas por protestar, y cuyas familias tendrán otra forma de contar la transición:

21 de julio de 1970
Huelga de la construcción en Sevilla y Granada. La policía española asesina a tres obreros.
13 de septiembre de 1970
La policía asesina a Pedro Patiño en Madrid, durante la huelga general de la
construcción.
18 de octubre de 1971
Huelga en la SEAT de Barcelona. La policía mata en los talleres a Antonio Ruiz
10 de marzo de 1972
La policía española dispara contra los obreros en huelga que ocupaban los talleres de la Bazán, en Ferrol, asesinando a tres de ellos, Amador Rey, Daniel Niebla y Víctor Castro.
1 de diciembre de 1972
En Santiago de Compostela la policía española asesina a tiros a Juan Fuertes, cuando realizaba una simple pintada en la calle.
17 de septiembre de 1973
La Guardia Civil asesina, obligándole a beber ácido sulfúrico, a Cipriano Martos, obrero de la construcción.
20 de mayo de 1975
La policía española mata a tiros en Ondárroa (Guipúzcoa ) al estudiante Luís Arriola.
12 de agosto de 1975
Cae asesinado por la policía española en Ferrol, Ramón Reboira.
31 de agosto de 1975
Manis contra la pena de muerte. La policía española asesina al joven Jesús García Ripalda.
3 de marzo de 1976
En Vitoria, la policía española ametralla cobardemente una mani de obreros,
asesinando en plena calle a 5 jóvenes e hiriendo a más de 100.
8 de septiembre de 1976
La Guardia civil asesina en Fuenterrabía durante las manis por la amnistía al joven Jesús María Zabala.
23 de enero de 1977
Durante una mani en Madrid las bandas fascistas asesinan al joven Arturo Ortíz.
24 de enero de 1977
Orgía de sangre. Por la mañana, la policía asesina en plena calle a Mari Luz Nájera, que protestaba por la muerte del día anterior. Por la noche, los fachas asesinan a 5 abogados laboralistas en el despacho de la calle Atocha.
8 de julio de 1978
En la celebración de los Sanfermines, la policía española asesina a tiro límpio a
Germán Rodríguez en Pamplona y produce más de 100 heridos.
4 de diciembre de 1978
Asesinado en Málaga J. M. Caparrós por un grupo de señoritos fascistas.
3 de junio de 1979
En una marcha contra las centrales nucleares es asesinada a bocajarro por la Guardia Civil en Tudela la joven Gladys del Estal.
13 de diciembre de 1979
En la glorieta de Embajadores de Madrid, la policía dispara contra una mani de
estudiantes, matando a dos de ellos, José Luís y Emilio.
10 de mayo de 1981
Tres jóvenes santanderinos son asesinados por la Guardia Civil en Almería, tras sufrir salvajes torturas y mutilaciones, “al confundirles con un comando de ETA”.
12 de marzo de 1987
La Guardia Civil, reprimió violentamente las movilizaciones de los obreros de
Forjas, en Reinosa, Asturias, contra el desmantelamiento de sus puestos de trabajo, matando a uno de ellos.(*)

Todos los asesinatos de esos años han quedado vergonzosamente impunes, con la complicidad de jueces, que no abrieron por ello ningún tipo de procesamiento. Incluso varios años después de la constitución. Falta gente en esta lista.
Basta esta pequeña muestra como demostración de la libertad y del estado de derecho en el que vivimos y que nos recuerdan “a su manera” nuestros “sacrificados“políticos, verdaderos héroes de la transición…

(*) Gracias al “Paté de Marrana” por el préstamo de información

Rafa Becerra
Revista Al Margen

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